sábado, 24 de abril de 2010


Me han dicho que hay una metafísica a la que me debo someter, que hay un espacio delimitado territorialmente, lingüísticamente y culturalmente que debo respetar, reverenciar y honrar. Le llaman patria unos, otros le llaman nación y sus seguidores dicen ser patriotas y nacionalistas. Adoran un pedazo de trapo e idolatran fantasmas, ideas delirantes y espejismos. Sus discursos son parecidos al del trastornado en el frenopatico que acaba de descubrir su nueva realidad surrealista, al del místico con llagas que habla de salvación divina entre el caos o al del niño que dialoga con su amigo imaginario y trata de convencer a los demás de su veracidad.
Ellos han decidido que van a morir y despedazarse por esta mentira, que encabezaran una carnicería contra sus semejantes maniáticos de la otra nación. Déjales que se maten, entre mas de estos arrebatados mueran mejor será la tierra y descansara de este ensueño llamado nacionalismo y su seguidores. El problema es que en su proyecto absurdo te arrastraran hacia su abismo, y en su demencial ritual de la muerte serás ofrecido en sacrificio.

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